Vayan  algunos ejemplos de los comportamientos extravagantes que ciertas personas tienen a la hora de disponer de sus bienes en las herencias.

  • Este caso lo protagoniza Wellington R. Burt, un barón de Michigan, que a principios del siglo XX, reunió una inmensa fortuna comerciando con hierro y madera (fue considerado uno de los 8 hombres más ricos de EE.UU. llegando a ser senador. Se casó dos veces y tuvo siete hijos. Poco antes de morir en 1.912 su testamento decía que la mayor parte de su fortuna no podría ser distribuida hasta que transcurrieran 21 desde la muerte de su último nieto. A pesar de los esfuerzos de impugnar la herencia la justicia respetó las condiciones y hoy después de la muerte de su ultimo nieto, doce tataranietos van a recibir un fabuloso regalo en forma de herencia inesperada Se estima una fortuna entre 100 y 110 millones de dólares.
  • Leona Helms, hotelera de éxito dejo 12 millones de dólares a su perro “Trouble” a dos de sus cuatro nietos no les dejo herencia ninguna (“por razones que ellos conocen”), a los otros dos sus herencias estaban condicionadas a visitas regulares a la tumba de su padre donde deberían firmar en un libro registro.
  • El aristócrata portugués Luis Carlos de Noronha, soltero y sin hijos, murió a los 42 años. El día de su muerte, fueron llamados por teléfono 17 portugueses a los que el rico aristócrata había designado herederos al azar, usando la guía telefónica.
  • Sandra West una habitual de la sociedad Californiana heredera del petróleo pidió ser enterrada con su pijama de seda en su Ferrari, con el asiento inclinado cómodamente. La familia cumplió sus deseos cubriendo luego el coche con cemento para evitar robos.
  • Heinrich Heine poeta alemán dejo toda su herencia a su esposa pero con la condición de que debería volverse a casar “porque así al menos un hombre lamentaría su muerte”.
  • T. M. Zink, abogado de Iowa que murió en 1.930, tuvo al parecer malas experiencias con las mujeres. Cuando murió, dejo a su hija como herencia 5 dólares y a su esposa, nada. El resto de su fortuna iría destinado a crear la Biblioteca Zink sin mujeresbiblioteca Zink sin mujeres. La biblioteca no tendría decoraciones femeninas, ni libros, ni revistas con artículos escritos por mujeres y era necesario colocar un cartel que dijera “no se permiten mujeres”.

David Sainz Magaña